La directora de Vogue triunfa en Estados Unidos con el libro «Las mujeres francesas no engordan»
Una de las razones por las que Carine Roitfeld, directora de Vogue Francia, es candidata al trono del Vogue americano, que aún ocupa Anne Wintour son los fabulosos editoriales de la edición francesa de la biblia de la moda. El número de junio/julio es toda una oda al estilofrancés, que tan bien encarna Madame Bruni, italiana de nacimiento.

Botellas de la Casa de Champagne Veuve Clicquot
El aire retro marinero de los muelles de Marsella, la estudiada elegancia desarreglada de Dauville o Biarritz , el eterno chic parisino y la elegancia de las mujeres de ciudades «de provincias» llamadas Niza, o Aix en Provence, pivotan en las propuestas de Gaultier, Dior, Vuitton, Alaia o Chanel.
Los grandes de Saint Honoré ofrecen su particular versión para bajar a la playa. Ellas llevan Cartier en la muñeca. Ellos slips, en lugar de traje de baño. Las bosas de plástico o las toallas de grandes superficies están prohibidas. Es como si el espíritu Cocó lo impregnase todo. Y realmente es así, Los franceses, especialistas en crear iconos de su país, se han volcado con la película que protagoniza Audrey Tatou. La fiebre Chanel hace que la edición de las bolsas de la tienda, en plástico duro, se vendan como rosquillas, a 1.000 euros la unidad.
Francia no sólo exporta moda. Vende una filosofía de moda. Toda americana rica que se precie aspira a copiar la discreta elegancia de las parisinas de la Rive Gauche. La puntilla la ha puesto en Nueva York Mireille Guliano, presidenta de la casa Champagne Veuve Cliquot. Su libro «Las mujeres francesas no engordan», es número uno en la lista de ventas de «The New York Times».
Guliano, que viaja 180 días al año, comiendo fuera, sin privarse de pan, chocolate, y por supuesto, champagne, aporta sus sabios consejos para mantenerse tan delgada como Carla Bruni sin privarse de delicias y sin pisar apenas el gimnasio. Mientras las mujeres afinan el talle, los caballeros preparan un ajuar playero repleto de bermudas, trajes en gabardina camel, pantalones tobilleros y..zapatos náuticos. El calzado que causó furor en los 80 regresa para quedarse una buena temporada. Esta vez no llegan nada discretos. Los más buscados son los tonos ácidos como verde y azulete.