Artesanía

El jabón de Marsella es uno de los productos de artesanía más conocidos en el mundo entero. En cualquier tienda o mercado provenzal puede encontrarlo.

El Jabón de Marsella

Uno de los productos estrella de esta ciudad es el jabón de Marsella, conocido en el mundo entero. Ese cubo compuesto en un 72% de aceites que encontramos en cocinas y cuartos de baño de todo el mundo, ese bloque beis o verte que es a la vez un producto detergente y un producto de belleza. Esta universalidad del jabón de Marsella se debe a sus cualidades intrínsecas.

Historia del jabón de Marsella

Origen del jabón de Marsella

Remontándonos en el tiempo, encontramos huellas de las primeras mezclas a base de aceites, agua y cenizas en la Antigüedad. Plinio el Viejo, en su Historia Natural nos da la composición de una pasta elaborada a partir de cenizas de haya y de sebo de cabra, que nuestros ancestros usaban para teñirse el pelo de rojo. Durante siglos, esta receta no cambia; el jabón servía como remedio, ungüento y como producto cosmético. Hubo que esperar a la Edad Media para que el jabón se utilizase para lavar la ropa, tras haberle añadido a la mezcla un álcali o soda cáustica.

S. XIV: el primer jabonero marsellés

En este siglo aparece el primer jabonero marsellés, que se llama Crescas Davin.

Siglo XV-XVI: nace una industria

A partir del siglo XV, comienzan a nacer en Marsella las primeras jabonerías industriales, que van a exportar sus productos a Rodas, Alejandría y Ginebra. A partir del siglo XVI, las técnicas se van a perfeccionar, sobre todo gracias a los especialistas que vienen del Mediterráneo, que están más cualificados que la mano de obra francesa. Los marselleses imitarán el jabón blanco de Alicante. Y, en algunas fábricas, la producción trimestral llega a 9 toneladas y se exporta a Rouen o Inglaterra.

El jabón de Marsella va a adquirir renombre internacional, hasta el punto que la ciudad le dará su nombre al procedimiento de fabricación, a falta de una denominación de origen que hubiera podido protegerlo de las copias. El progreso en la medicina, la ropa y la higiene contribuirán al aumento del consumo de jabón. Durante la Guerra de los Treinta Años, los mercaderes ya no pueden abastecerse en España y las fábricas marsellesas salen ganando, ya que tanto franceses como daneses y alemanes comprarán en Marsella. Colbert vio en el jabón de Marsella una fuente de beneficios, por lo que pidió a los jaboneros un “privilegio” exorbitante. Pero el marqués de Signelay saca un edicto en 1688 salvador para la profesión, ya que regula la fabricación del jabón de Marsella: prohibición de trabajar en verano y utilización sólo de aceite de oliva puro. Este edicto situará a Marsella a la cabeza de una industria que exporta sus productos a Europa del Norte, Inglaterra y al Imperio turco.

S. XVIII: la estrella de la ciudad

En 1709, Marsella contaba con 30 jabonerías, pero la peste de 1720 cierra las puertas del puerto e deja la economía marsellesa estancada, y la producción no vuelve a aumentar hasta 1709. Y hasta se encontrarán dos calidades de jabón: el jabón jaspeado (utilizado para desgrasar las lanas, para limpiar y para hacer colonias) y el jabón blanco, más puro, que utilizan los profesionales (tintoreros, perfumistas…). La producción de jabón de Marsella se multiplica por dos en 60 años y se convierte en una de las industrias más representativas de la economía marsellesa. Sin embargo, la Revolución francesa provocará el estancamiento del comercio.

Viejos carteles de jabón de Marsella, que hacían furor en el siglo XIX y que hoy podemos encontrar en los bouquinistes de París, por ejemplo.S. XIX: la industrialización de los jaboneros

En 1801, el puerto se abre de nuevo a las exportaciones, y en ese momento se cuentan 73 establecimientos, pero la importación de materias primas se detiene por el bloqueo inglés del puerto. Es entonces cuando se crean las primeras fábricas a partir del procedimiento de Nicolas Leblanc por el que se obtiene uno de los componentes del jabón a partir de la sal marina. El embargo tuvo como consecuencia el aumento de los precios de los aceites de oliva, por lo que se pasó a utilizar otro tipo de aceites, como el aceite de colza y el de lino. En 1810, nace en Marsella una comisión para controlar la calidad de la fabricación del jabón, obligando a las manufacturas a imponer una marca garantizando el tipo de aceite, el nombre y la dirección del jabonero. Los comerciantes van a cambiar la política de su congregación vendiendo directamente sus jabones sin pasar por los intermediarios. Y las costumbres de los consumidores evolucionan, y pasan a preferir un jabón hecho con aceites de claveles y de oliva a los javones de aceite de oliva únicamente. Las fábricas van entonces a buscar nuevas recetas añadiendo aceite de palma o de coco.

La Ciencia colaborará en el avance de la industria del jabón de Marsella con la publicación de los trabajos de Michel Chevreul que presenta la primera teoría exacta sobre la saponificación. Pasado el año 1826, todos los jaboneros marselleses utilizan el procedimiento Leblanc y ganan tiempo; pero el alza de los precios del aceite de oliva y de clavel obliga a los jaboneros a diversificarse creando nuevas empresas para exprimir lino y sésamo en las afueras de Marsella. Otros prefieren utilizar el aceite de palma, como se hace en Inglaterra desde hace años. Además se interesan por los aceites de cacahuete.

Finales del siglo XIX: nuevos procedimientos

El concepto elemental de higiene se expande por toda Europa y también por Francia. Paralelamente, el progreso técnico (utilización del vapor que regula la cocción) permite el aumento de las capacidades de producción de los jaboneros. De nuevo, el puerto de Marsella salva a la industria del jabón gracias a los semillas de oleaginosas que llegan a los muelles. Y, por otra parte, el procedimiento del marsellés JD Rougir, por el que se puede blanquear el aceite de palma, lleva a la utilización masiva de esta técnica y a la obtención de un producto unicolor, el blanco.

En la Exposición Universal de 1855, el jabón de Marsella gana la medalla de oro por el jabón jaspeado. A pesar de su éxito, las fábricas continúan a disminuir. A partir de 1880, la tendencia se invierte y aparecen manufacturas como la de Charles Morel que puede producir 12500 toneladas de jabón por año. Algunos industriales van a abrir auténticos laboratorios para controlar todas las fases e cocción del jabón.

S. XX: el jabón moderno

En el siglo XX, el jabón no se utiliza sólo como detergente o como producto de aseo, sino también como un producto farmacéutico u hospitalario. También los industriales de la lana y de las telas lo utilizan mucho. En esta época los aceiteros y los jaboneros se fusionan para abrir nuevos caminos. La aparición de nuevos aceites sin olor va a poner a la industria de los aceites por encima de la de los jaboneros.

Los trabajos de François Merklen van a dar la explicación físico-química de la elaboración del jabón, y los jaboneros se van a interesar más por las nuevas técnicas. Aparecerá la famosa indicación EXTRA PURO 72% de ácido graso: es el jabón de Marsella que conocemos hoy. Es la época en la que se ven por las paredes de toda Francia los fantásticos carteles coloridos que alaban los méritos del “jabón puro”.

Con la invención del detergente en polvo por un marsellés, que comercializará bajo la marca Persil, la producción del jabón de Marsella disminuye enormemente, y numerosas jabonerías deben cerrar sus puertas. Pero las virtudes de este producto natural y biodegradable están en el origen de una renovación después de los años 80 del siglo XX. Y, hoy en día, se puede encontrar el jabón de Marsella en cualquier jabonería, mercado o tienda de productos provenzales.

En los mercados de Marsella y de la Provenza, podemos encontrar jabones de Marsella de aromas sorprendentes.

Los secretos del verdadero jabón de Marsella

Actualmente, muchos jaboneros venden copias del jabón de Marsella, cuya fabricación no tiene nada que ver con la receta original, ya que el verdadero jabón de Marsella no tiene colorantes, conservantes ni perfume. Tiene forma de cubo blanco o verde (si se fabrica con aceite de oliva) y debe llevar la mención “extra puro 72% de ácidos grasos”. Con el tiempo, el jabón se deforma y amarillea, pero mantiene todas sus cualidades.

Jabones de Marsella: aromas

Hoy en día, en las tiendas de Marsella y en cualquier tienda o mercado provenzal, el visitante puede encontrar todo tipo de aromas de jabón de Marsella. El vegetal blanco tiene aromas de: lavanda, miel, leche, canela-naranja, mimosa, rosa, jazmín, almendra dulce, limón...Y el de oliva, verde: lavanda, manzana, arcilla, algas, vainilla, pino, menta, romero…Una gran variedad a gusto del consumidor.