Museo de Orsay: Sección Escultura

- La escultura del Museo de Orsay se sitúa en un lugar privilegiado en la nave central, bajo la luz de la bóveda Laloux. Foto de Crystian Cruz
El siglo XIX es un periodo de producción excepcional para la escultura, ya que la demanda es inmensa por parte de la burguesía triunfante, que la utiliza para decorar sus estancias y mostrar su estatus social; y también por parte de los poderes políticos, que inscriben en ella los ideales y creencias de la época.
Pero a partir de 1945, esta escultura comienza a ser juzgada demasiado oficial y muchas obras “desaparecen” en las reservas y en el olvido durante décadas. Sólo escultores como Rodin escapan a este desinterés.
Pero en los años 70, la idea de transformar la estación de Orsay de París en museo le da una nueva oportunidad a la escultura y se le ofrece un espacio ideal: la gran nave central iluminada por la luz natural que emana de la bóveda de cristal. De esta forma, el público tiene la posibilidad de descubrir la escultura de la segunda mitad del siglo XIX en toda su riqueza y diversidad. Cuando abre el Museo de Orsay en 1986, reúne un conjunto de alrededor de 1200 esculturas que provienen, en gran parte, de las antiguas colecciones del Museo del Luxemburgo, del Museo del Louvre y de los depósitos del Estado.
Foto de Crystian Cruz
La escultura en el Museo del Luxemburgo
El Museo del Luxemburgo abre sus puertas en 1818, bajo el reinado de Luis XVIII, a fin de presentar las creaciones de artistas vivos que irían a ser en gran parte adquiridas por el Estado tras las celebraciones de los Salones. El Museo del Luxemburgo adopta así el rol de un museo de Arte moderno, a pesar de permanecer durante mucho tiempo cerrado a la vanguardia de la pintura y de acoger sólo a artistas reconocidos por las instancias oficiales.
Lo esencial de las colecciones se consagra a la pintura, mientras que la escultura es representada más bien en proporciones modestas.
En 1887, el Museo del Luxemburgo cuenta con más de 100 esculturas y comienza a abrirse a artistas más modernos. El primer Rodin, “La Edad de bronce” se compra en 1881. Más tarde se adquiere el “Ratapoil” de Daumier, y ya a principios de siglo, el primer Bourdelle, con la cabeza de “Beethoven”.
El espacio empieza a convertirse en un verdadero problema, por lo que se empieza a pensar en cambiar las obras a otro lugar.
La escultura del Jeu de Paume
Durante muchos años, los artistas extranjeros son los grandes olvidados del Museo del Luxemburgo y habrá que esperar a 1890 para que se adquieran en el Salón de la Sociedad nacional dos obras del belga Constantin Meunier.

- La belleza de la bailarina de catorce años de Degas, 1881. Foto flickr de Fátima Araujo Quito
Sin embargo, en 1923, las colecciones extranjeras se hicieron lo bastante importantes como para crear en el Jeu de Paume de las Tullerías un museo de las Escuelas extranjeras vinculado al Louvre. Esta apertura libera al Museo del Luxemburgo de una parte de sus colecciones de pinturas y esculturas, pero esto no es suficiente para resolver el problema de espacio. Este museo permanecerá abierto hasta 1940, y el Jeu de Paume abre de nuevo en 1947, pero se convierte en el Museo del Impresionismo. La escultura juega únicamente un papel secundario, y a parte de algunos Rodin, sólo “La pequeña bailarina de catorce años” de Degas y esculturas de Gaugin permanecen porque son fácilmente asociadas a los cuadros de sus autores.
El Museo nacional de Arte Moderno y la escultura
El Museo del Luxemburgo cierra finalmente sus puertas en 1939. Y un nuevo museo de Arte moderno acababa de abrirse en el Palacio de Tokio para la Exposición Internacional. Pero el nuevo museo sólo guarda un tercio de las colecciones del Museo del Luxemburgo, sobre todo las obras más modernas (Bourdelle, Bernard, Maillol…). Pero en los años 50 muchas empiezan a dejar el museo para diferentes destinos: las de Bourdelle se envían a su ciudad natal, mientras que muchas de Maillol se sitúan en los jardines del Carroussel. Y cuando se transfieren las obras del Museo de Arte moderno al Centro Pompidou, en 1977, 175 obras se reservan al Louvre.
La escultura del siglo XIX en el Museo del Louvre
Las obras del Museo del Luxemburgo consideradas como las más destacadas habían tenido el honor de entrar al Museo del Louvre. En 1880, Rude tiene su propia sala y Carpeaux en 1900. Los coleccionistas también aportan su participación. En 1906 se abra la sala Thomy-Thierry, en 1910 la colección Chauchard y en 1913.14 las dos salas Zoubaloff consagradas a Barye. Pero la falta de espacio condena la escultura del siglo XIX a quedarse mucho tiempo en las reservas.
En los años 60, el Ministerio de Hacienda libera el Pabellón de Flore, hasta ese momento ocupado por los servicios de la Lotería nacional. Las esculturas encuentran al final un espacio para su exposición, pero el espacio dado a la segunda mitad del siglo XIX es limitado. Alrededor de Carpeaux, figuran obras de Chapu (Bonnat, La Juventud), Falguière (Tarcisio, Vencedores del combate de gallos), Fremiet (San Jorge), Dalou (Gran campesino), Rodin (La Edad de bronce) y algunos bocetos.
El Museo de Orsay: un paraíso para la escultura
La idea de transformar la estación de Orsay en museo surge en los años 70 del siglo XX, fue allí donde se buscó un destino para las colecciones de los impresionistas, demasiado apretadas en el Jeu de Paume, mientras que la apertura del nuevo museo de Arte moderno en el centro Georges Pompidou prevée la acogida de las obras más antiguas.

- “La Edad de Bronce” de Rodin, una de las muchas obras del autor que se encuentran en el Museo de Orsay. Foto flickr de Walyg
Estas esculturas encuentran su espacio bajo la bóveda de Laloux. A través de intercambios, el Museo de Orsay consigue obtener obras que estaban expuestas en otros museos (El pensamiento o La puerta del infierno, procedentes del museo Rodin) o de instituciones (La naturaleza desvelándose a la ciencia) de Barrias que decoraba una escalera del Conservatorio de las artes y los oficios.
Las obras menos visibles para el público son a menudo más fáciles de obtener: el Goethe de David de Angers estaba en la vértice de una torre en la cima de la ciudad de Saumur; Los Gladiadores de Gérôme en el fuerte del monte Valeriano; la Joven Tarentina de Schoenewerk olvidada en las antiguas cocinas del Castillo de Compiègne. Uno de los ejemplos más famosos es el de los Seis continentes.
Hoy, presentadas en la explanada del museo, estas esculturas creadas para el Palacio del Trocadero de la Exposición Universal de 1878, se encontraban en basurero público de la ciudad de Nantes desde 1963. El Museo de Orsay las cambió por un cuadro de Sisley para el Museo de Bellas Artes de Nantes.
Algunas compras permitieron completar las colecciones, entre las que se encuentran: uno de los paneles Sean misteriosas de Gauguin (adquirido en 1979), el conjunto de las Celebridades del Juste Milieu de Daumier (adquirido en 1980), La Edad madura de Claudel (adquirido en 1982)…
Además, la generosidad de los aficionados, de los descendientes de los artistas y de los Amigos de Orsay permitieron la entrada de más de 200 obras en los años anteriores a la apertura del museo.
Desde 1986, gracias a las compras efectuadas, a la generosidad privada y a las donaciones, el Museo de Orsay pudo llenar ciertas lagunas, sobre todo en la escultura extranjera (Aetas aurea de Medardo Rosso en 1988, Casandra de Max Klinger en 1990…), y adquirir obras importantes (Torso de Clotho de Camille Claudel en 1988…)
Sus colecciones de escultura contienen actualmente más de 2200 piezas gracias a la cuales podemos conocer y admirar la escultura de la segunda mitad del siglo XIX.