Marsella

Bella imagen del Puerto Viejo, le Port Vieux bañado por la luz provenzal. Aquí tenemos el verdadero centro turístico de Marsella. Foto de Flickr de |||*Sue*|||

Marsella es el sur, es el acento rugoso de midi del hexágono, Marsella es una abanico de colores y sensaciones. La ciudad fundada hace más de dos milenios es una mezcla de colores, de gentes, sabores y emociones…

El viajero se encontrará la luz tamizada con amarillos de mil matices que doran las aguas tan azules del Mediterráneo. Se encontrará las terrazas siempre llenas de gentes que han llegado de todo el mundo y que a veces se han quedado para crear esa identidad, rugosa como la roca que rodea Marsella, suave y agradable cuando se la sabe tallar.

Así es el carácter marsellés, blanco y duro como la piedra caliza que forma los farallones sobre los que se erigen sus iglesias, sus fortalezas y sus museos. Blanca como la misma piedra que sin ser tallada por el hombre fue esculpida por la naturaleza durante eras para crear las apoteósicas Calanques, esos fiordos blancos y áridos en cuyo interior el agua es sólo turquesa y bañarse en verano equivale ha realizar un viaje iniciático. Marsella y sus gentes, múltiples, diversas, mezcladas, tozudas, agradables y acogedoras.

Marsella, la segunda ciudad de Francia en población, el primer puerto, una conurbación de más de un millón y medio de habitantes que llega hasta la ciudad del agua, Aix-en-Provenza, pero una ciudad donde en algunos bares del Port Vieux y de la Avenida de la Canabière aún se pueden escuchar historias inauditas, Marsella una ciudad que por momentos parece un caos y por otros un pasible puerto de pescadores donde a la vuelta de la esquina nos cruzaremos con Maqroll el Gaviero, escapándose torpemente de su mentor, el señor Álvaro Mutis.

El Mediterráneo durante el atardecer, con las Calanques al sur ya casi dibujandose. La Iglesia de Notre Dame de la Garde domina la colina y Marsella. Foto de marcovdz de Flickr.

A lo largo de las siguientes páginas les guiaremos por las callejuelas, las afinidad, las islas, las calanques de Marsella. Esperamos que las informaciones que les mostramos sirvan para comer mejor y apreciar la gran ciudad francesa del sur del país. Marsella se encuentra a mitad de camino entre Italia y España, lo que hace de ella, y de todo su entorno (Aix-en-Provence, las Calanques, Cassis, Aviñón, les Alpilles, les Baux de Provenza, el Macizo del Luberon, los Alpes…), un destino ideal para conocer el sur del Francia, su naturaleza, su gastronomía, cultura y arte.

La historia sumerge a Marsella al punto que, a veces sus, habitantes se olvidan de ello y la ciudad posee ese halo de decadencia romántica tan apreciado por muchos turistas. Pero esa imagen de antigüedad no es del todo cierta y las obras recubren la ciudad foceana preparándose para la capitalidad cultural de la ciudad en 2013.

Marsella conserva restos griegos, sus fundadores, romanos, medievales, modernos y contemporáneos, Marsella es historia en cada piedra, en cada monumento o edificio. Reformada en buena parte durante el siglo XIX como París bajo Haussman, Marsella posee grandes avenidas y barrios recónditos que hoy son descubiertos por los turistas, como el de Le Panier. Marsella es la ciudad del fútbol, una verdadera religión, comparable a la locura que tiene lugar en España o América latina. Esto la diferencia de las ciudades de su entorno, donde el rugby aún provoca pasiones más civilizadas, y del las resto del país donde el deporte rey se ve con indiferencia e incluso desdén. En ese sentido, Marsella es distinta, lo verán los días de partido en el Velodrome, el estadio del Olympique de Marseille.

Pero la cultura y el arte también están muy bien representados en Marsella con sus grandes museos e instituciones culturales como La Charité, un antiguo convento del siglo XVII, hoy centro cultural.

Los jardines y parques de la ciudad también son un gran atractivo. Marsella cuenta con parques y jardines preciosos, cuyas bonitas fuentes no dejan de refrescar obligadamente le calor sureño. En el Jardín de Colline Puget las estatuas de piedra del XIX decoran un marco que ya es en sí es un decorado increíble, duro pero vivo, pues Marsella se cala entre la montaña y el mar, resistiendo.

La gastronomía es otra de las ventajas evidentes de un viaje a Marsella. El pescado que es difícil de conseguir y degustar en el sur del país en cuanto nos alejamos un poco de la costa es aquí el verdadero protagonista. Desde la conocidísima sopa de pescado, la bouillabaisse, hasta los diversos tipos de mariscos y de pescados, los frutos del mar son platos habituales en los restaurantes de la ciudad. Junto a ellos los magníficos vinos blancos y rosados provenzales del país y un pastis, el anisado típicamente sureño como aperitivo. Aceitunas de mil tipos, brandada de morue, es decir, un plato hecho de bacalao desmigado que nadie debería perderse y la anchoiade, una salsa o pasta hecha a base de anchoas en salazón que se unta en magnifico pan, completan una breve muestra de las riquezas culinarias de la ciudad.

El puerto Viejo de Marsella baja la luz cálida del atardecer mediterráneo.
El puerto Viejo de Marsella baja la luz cálida del atardecer mediterráneo.

Otra de las actividades que será preciso imitar es la del tranquilo paseo por los aledaños del Port Vieux, el Fort Saint Nicolás y de la Major, la catedral. Desde allí se ve el puerto comercial de Marsella que es el más grande de Francia, con una actividad frenética tanto de mercancías como de inmensos ferries que unen el sur del país con Córcega y con Italia y el norte de África. Miles de pasajeros embarcan cada día hacia uno u otro de los márgenes de ese lago común, donde los hermanos no consiguen ponerse de acuerdo.

A pesar de la incesante actividad portuaria, Marsella cuenta con varios kilómetros de playas increíblemente limpias, y más al sur se encuentran escondidas tras paredes calizas las calas perdidas de azul cristalino entre medio de los acantilados y una flora y fauna muy diversa: las Calanques.

Marsella tiene 26 siglos de historia tras sus espaldas y combina modernidad y tradición. Se busca y, a veces, hasta se encuentra. Mientras tanto, sus habitantes viven que no es poco.

A lo largo de las siguientes páginas les guiaremos por las callejuelas, las afinidad, las islas, las calanques de Marsella. Esperamos que las informaciones que les mostramos sirvan para comer mejor y apreciar la gran ciudad francesa del sur del país. Marsella se encuentra a mitad de camino entre Italia y España, lo que hace de ella, y de todo su entorno (Aix-en-Provence, las Calanques, Cassis, Aviñón, les Alpilles, les Baux de Provenza, el Macizo del Luberon, los Alpes…), un destino ideal para conocer el sur del Francia, su naturaleza, su gastronomía, cultura y arte.

La historia sumerge a Marsella al punto de que a veces sus habitantes se olviden de ello y la ciudad posea ese halo de decadencia romántica tan apreciado por muchos turistas. Pero esa imagen de antigüedad no es del todo cierta y las obras recubren la ciudad foceana preparándose para la capitalidad cultural de la ciudad en 2013. Marsella conserva restos griegos, sus fundadores, romanos, medievales, modernos y contemporáneos, Marsella es historia en cada piedra, en cada monumento o edificio. Reformada en buena parte durante el siglo XIX como París bajo Haussman, Marsella posee grandes avenidas y barrios recónditos que hoy son descubiertos por Loos turistas como el de Le Panier. Marsella es la ciudad del fútbol, una verdadera religión, comparable a la locura que tiene lugar en España o América latina. Esto la diferencia de las ciudades de su entorno y del resto del país, donde el rugby aún provoca pasiones más civilizadas, o donde el deporte rey se ve con indiferencia e incluso desdén. En ese sentido Marsella es distinta, lo verán los días de partido en el Velodrome, el estadio del Olympique de Marseille.

Pero la cultura y el arte también están muy bien representados en Marsella con sus grandes Museos e instituciones culturales como La Charité, un antiguo convento del siglo XVII, hoy centro cultural.

Los jardines y parques de la ciudad también son un gran atractivo. Marsella cuenta con parques y jardines preciosos, cuyas bonitas fuentes no dejan de refrescar obligadamente le calor sureño. En el Jardín de Colline Puget Estatuas de piedra del XIX decoran un marco que ya es en si un decorado increíble duro pero vivo, pues Marsella se cala entre la montaña y el mar, resistiendo.

La gastronomía es otra de las ventajas evidentes de un viaje a Marsella. El pescado que es difícil de conseguir y degustar en el sur del país en cuanto nos alejamos un poco de la costa es aquí el verdadero protagonista. Desde la conocidísima sopa de pescado la bouillabaisse, hasta los diversos tipos de mariscos y de pescados, los frutos del mar son platos habituales en los restaurantes de la ciudad. Junto a ellos los magníficos blancos y rosados provenzales del país y un pastis, el anisado típicamente sureño como aperitivo. Aceitunas de mil tipos, brandada de morue, es decir, un plato hecho de bacalao desmigado que nadie debería perderse y la anchoiade, una salsa o pasta hecha a base de anchoas en salazón que se una en magnifico pan, completan una breve muestra de las riquezas culinarias de la ciudad.

Otra de las actividades que será preciso imitar es la del tranquilo paseo por los aledaños del Port Vieux y de la Major, la catedral. Desde allí se ve el puerto comercial de Marsella que es el más grande de Francia, con una actividad frenética tanto de mercancías como de inmensos ferries que unen el sur del país con Córcega y con Italia y el norte de África. Miles de pasajeros embarcan cada día hacia uno u otro de los márgenes de esa lago común donde los hermanos no consiguen ponerse de acuerdo.

A pesar de la incesante actividad portuaria Marsella cuenta con varios kilómetros de playas increíblemente limpias, y más al sur se encuentran escondidas tras paredes calizas las calas perdidas de azul cristalino entre medio de los acantilados y una flora y fauna muy diversa: las Calanques.

Marsella tiene 26 siglos de historia tras sus espaldas y combina modernidad y tradición. Se busca y a veces hasta se encuentra, mientras tanto sus habitantes viven que no es poco.