Cine

El famoso alunizaje de Georges Meliès en la luna, ya en 1905.

El séptimo arte no es el séptimo en Francia, es uno de los principales, uno de los que más prestigio y fama le da en el mundo entero. Francia es el país en donde nació el cine, invento que debemos a los hermanos Lumière. Francia dominó el mercado mundial hasta los años y el surgimiento de Hollywood.

Se hablará mucho de cine en blog-francia.com, pero para empezar, aquí les haremos un pequeño resumen de la historia del cine en Francia. Como complemento visiten la pagina de cine de cultura en Francia y por su puesto la del Festival de Cannes.

Francia inventa el cinematógrafo

Los hermanos Lumière inventaron el sistema que permitía reproducir la realidad, mejor incluso que la fotografía. Cuando en 1895, en París, se puede ver por primera vez una película, (La llegada de un tren a la estación de la Ciotat), el resultado es mitigado. El efecto espectacular, desmayos, gritos, miedo, terror, sin embargo, pocos hubieran apostado por su valor comercial y artístico. Se equivocaban. Rápidamente decenas de películas comenzaron a ser rodadas, de todos los géneros conocidos, desde el cine experimental a la pornografía, pasando por el terror, la ciencia ficción, el drama, la comedia romántica, las aventuras, los filmes épicos, todo existe ya a principios del siglo XX, y Francia es pionera.

Georges Méliès fue un verdadero pionero del cine fantástico, inventó elementos que serán básicos en el lenguaje cinematográfico y dejó huella ya con su película la primera de ciencia ficción El viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune) de 1902.

Pathé y Gaumont serán pronto las dos principales empresas, productoras y distribuidoras de cine y su hegemonía será casi toda en Europa. Ambas empresas junto, Maurice Tourneur y o Max Linder, influirán y trabajarán en EE.UU, desarrollando el cine en América.

Hasta la segunda Guerra Mundial el prestigio y la calidad vanguardista y comercial del cine francés no se discutirá. Figuras como las del dramaturgo Sacha Guitry, de Jean Renoir o Marcel Carné dan muestra del nivel del cine francés. La gran ilusión de 1937 y La regla del juego de 1939, ambas de Jean Renoir se encuentran entre las mejores películas de la historia, en opinión de muchos críticos.

El cine francés despues de la segunda Guerra Mundial, La Nouvelle Vague

Tras las segunda guerra mundial, la reconstrucción de Europa y los treinta gloriosos provocan un desarrollo económico sin precedentes, pero también la guerra fría, una guerra ideológica que afecta a Europa occidental. El existencialismo de Sartre, de Camus, la influencia del Partido Comunista, la desazón antiburguesa se plasman en una nueva forma de hacer cine, de presentar historias y personajes.

La Revista Cahiers du cinéma fundada  en 1951 por André Bazin, se llenará de críticos que más tarde se convertirán en cineastas de la talla de François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o Claude Chabrol. Esta corriente se llamará Nouvelle vague.

Desde finales de los años 50, los críticos de Cahiers du Cinema se convierte en guionistas y directores. Todos siguen la senda de Jean Pierre Melville, que será una especie de maestro de todos ellos y todos están entusiasmados por el cine norteamericano de Howard Hawks, Ford, Hitchcock, Fuller y el cine realista y visual de los clásicos franceses Renoir, Bresson, Tati.

El comienzo de los 400 golpes de Truffaut.

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Admiradores inveterados de Orson Welles, los nuevos realizadores que detestan el pequeño star system francés,  defienden a capa y espada el cine norteamericano. Tal vez ahí radique su revolución, cambiar el fondo, pero utilizando las nuevas formas del cine norteamérica, mucho más versátil y moderno.

Truffaut dirige en 1959 los 400 golpes con Jean-Pierre Léaud; Godart rueda en 1960 À bout de souffle con otro de los actores que marcará la época Jean-Paul Belmondo; Alain Resnais, Hiroshima mon amour (1959) otra de las películas que marca el inicio de la Nouvelle Vague, la Nueva Ola.

La Nouvelle Vague se caracteriza por buscar ser un retrato crítico de la realidad. Su centro son los personajes, individuos particulares en mundo no tan amable y agradable. No buscan, al menos no en sus películas ,una confrontación política revolucionaria, elemento que se puede observar en el neorrealismo italiano. Lo que intentan sobre todo es investigar en la personalidad de los protagonistas. Éstos son generalmente jóvenes y se sitúan fuera de la sociedad normal. Al ser rodadas sin medios y fuera de la industria, los directores, muy buenos técnicos todos ellos, cavilarán para suplir mediante trucos cinematográficos la falta de medios. Obligados, rodarán con luz natural, sin escenarios complicados o de estudio, con cámara al hombro, localizaciones naturales, actores desconocidos. En las películas, a pesar del tono trágico, siempre se apela a la libertad, a su búsqueda desasosegada.

El movimiento no formó una escuela sino un grupo heterogéneo al que también pertenecieron Louis Malle o Roger Vadim. Curiosamente sus “trucos” serán adoptados por todo el cine europeo y norteamericano como símbolos de calidad artística y la mayoría de los directores pasarán a engrosar las filas de las estrellas del cine francés, substituyendo a las viejas glorias.

Algunas de las películas más destacas son El bello Sergio (1958) de Chabrol; Al final de la escapada (1959) de Godard; Paris nous aparttient (1961) de Rivette; Jules et Jim (1962) de Truffaut; Le répos du guerrier de Vadim; Cléo de 5 a 7 (1962) de Agnes Varda; Fuego fatuo (1963) de Malle; La guerra ha terminado (1966) de Resnais; Mi noche con Maud (1969) de Rohmer.

Fanny Ardant y Gerard Depardieu en la mujer de al lado, de François Truffaut

Mayo del 68 significó el fin de la Nouvelle Vague, Godart abandonará el cine para reconvertirse en revolucionario; Truffaut hará carrera en el extranjero y Chabrol se convertirá en el cineasta del crimen y el policiaco. Los directores continuarán por sendas distintas, interesantes pero distintas, aunque es innegable que su influencia proseguirá. Lo que ocurre es que esa influencia será hegemónica y se convertirá en la huella del cine francés, al menos hasta los 80 en que Luc Besson vuelva a un cine lleno de artificios y acción, renegando del cine de arte y ensayo.

Los años 70.

Los cineastas de la Nouvelle Vague signe produciendo películas pero el fracaso relativo de Mayo del 68 les hace, como decíamos, antes seguir caminos diferentes. Chabrol tras (El carnicero de 1970, o Les noces rouges de 1973) se limita a realizar producciones donde su potencial no aparece pleno. Eric Rohmer acaba la serie de sus cuentos morales en 1972 y no empezará su nuevo ciclo hasta 1981, rodando durante los 70 sólo adaptaciones literarias muy teatrales. Jacques Rivette haría sólo tres películas en toda la época. Godard, el más radical, precede mayo del 68 con su Chinoise de 1967, y luego se dedica a realizar documentales militantes. Louis Malle rueda la cruda Lancombe Lucien en 1974 criticando el colaboracionismo durante Vichy para después comenzar su larga y fructífera etapa norteamericana. Sólo Alain Renais (“Stavisky”, 1974 y “Providence”, 1976) y sobre todo François Truffaut (El pequeño salvaje, 1970 ; Domicilio Conyugal, 1970 ; Dos inglesas y el amor, 1971 ; La noche americana, 1973 ; La historia íntima de Adele H, 1975 ; El hombre que amaba el amor, 1977 ; La habitación verde, 1978) se muestran activos. Sus críticas del mundo burgués recuerdan bastante a las películas de la etapa francesa de Luís Buñuel (Belle de jour o el discreto encanto de la burguesía).

Lo que destaca en esta época es la maravillosa cantidad de grandes actores que van a ir surgiendo, de los que muchos, por suerte, aún están en activo. Algunos ya son famosos en los 60 como Catherine Deneuve, Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Romy Schneider, otros se afianzan o aparecen Gerard Depardieu, Stephane Audran, Michel Piccoli, Michel Serrault, Jean-Pierre Marielle, Philippe Noiret, Jean Rochefort, Anne Giradot, Patrick Dewaere, Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Daniel Auteuil, Carole Bouquet, Michel Blanc, Nathalie Baye, Gerard Junot, Christian Clavier, Fanny Ardant, Jean-Claude Brialy o Fabrice Luchini, entre otros muchos. De hecho, la principal diferencia entre el cine francés de los 60,70 y 80 y el actual, es la distancia entre los actores y directores de esa época y de la actual.

El cine de los 70 mezcla calidad, sensibilidad, espíritu crítico y lenguajes innovadores, todo ello sin renunciar a la eficacia de la gran tradición hollywoodiense que se encargan de transformar en europea. Bertrand Tavernier es un buen ejemplo ya que produce películas más personales y grandes producciones historiada no exentas de crítica como la magnifica Qué comience la fiesta, sobre los antecedentes de la Revolución francesa. Otros directores noveles son Maurice Pialat (Loulou 1979), Jacques Doillon y André Téchiné (Barocco, 1976). El final de los 70 supone la llegada del cine erótico y pornográfico a las pantallas. Una autentica revolución, conocida en el exterior por el cataclismo erótico de Emmanuelle de Just Jaeckin. Pero todo ya había comenzado con la proyección películas norteamericanas como El Diablo en la Señorita Jones, y con los trabajos eróticos de Buñuel, Bertrand Blier (Les Valseuses) o Los cuentos inmorales de Valérian Borowczyk. La flexibilidad legislativa permite que las películas se exhiban en cualquier cine lo que favorece el aumento de las entradas. A principios d ellos 80 la ley restringirá la exhibición y la llegada del vídeo acabará con el sector. Mientras, durante el final de los 70 se vivirá el apogeo del cine pornográfico cuyo éxito será tal que llegará a tener una importante cuota de mercado en Francia. Es la época de los viajes relámpago de los españoles a Perpiñán y Biarritz para ver las películas prohibidas por la dictadura franquista. Actrices como Brigitte Lahaie (hoy famosa periodista radiofónica) serán verdaderas vedettes. Los años 80, 90 y actualidad.

Audrey Tautou, Amelie para todos nosotros, una pelicula de una delicadeza y un optimismo extremo.

El comienzo de los 80 ve nacer un nuevo star system a la francesa con películas que sirven para llenar los cines gracias a sus estrellas. La calidad no está reñida con el modelo pero a finales de los 90 se notarán sus consecuencias negativas. Nuevos actores aparecen y se unen a los anteriores, como Isabelle Adjani, Sophie Marceau, Juliette Binoche, Philippe Torrenton, Jean Reno, etc… Sin embargo la popularización del video y la creación en 1984 de Canal +, una cadena de pago que emite películas recientes, afectarán al cine.

Habrá que esperar a finales de los 90 para ver nuevos realizadores. Los caminos se bifurcan, algunos como Luc Besson, buscan el espectáculo a la americana (Subway); otros como Jeaunet y su Delicatessen encuentran un camino más artístico e imaginativo; algunos se sumergen en el autismo como Leo Carax y sus amantes del Pont-Neuf (1988) y otros se apegan al cine social como Robert Guediguian.

Entre medio el cine francés sigue triunfando tanto en Francia como en el resto del mundo gracias a tragicomedias de época como Cyrano de Bergerac con Gerard Depardieu, Anne Brochet y Vincent Perez; o Tres solteros y un Biberón con André Dussolier, copiada después en EE.UU el Gran Azul; En busca del Fuego, el Oso o El nombre de la Rosa de Jean-Jacques Annaud; Camille Claudel de Bruno Nuytten; Capitán Conan de Tavernier; o la desternillante comedia La cena de los Idiotas, con Jacques Villeret y Thierry Lhermitte.

Por otra parte Chabrol, Téchiné, Resnais, Rohmer, Truffaut (El último metro) continúan rodando. En los últimos años aparecen nueva generación, la de Mathieu Kassovitz, Jan Kounen, Arnaud Desplechin, Jacques Audiard, o Guillaume Canet. A comienzo de los años 2000, Jeaunot volvía a triunfar con Amelie Poulain y Audrey Tautou en 2002. El éxito más reciente es la Môme de Olivier Dahan, drama sobre la vida de Edith Piaf, con la oscarizada Marion Cotillard. Pero nosotros destacaremos a Cédric Klapisch y sus actores fetiche Romain Duris y Cecile de France, protagonista del Auberge espagnole (Una casa de locos) y Las muñecas rusas, una esperanza simple para esa Europa que tanto necesitamos ahora.

Un extract para que, a pesar de las apariencias se animen

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